Cada 5 de junio, en el Día Mundial del Medio Ambiente, solemos reflexionar sobre los grandes desafíos ambientales que enfrentamos como sociedad. Sin embargo, muchas veces estas discusiones parecen lejanas, cuando en realidad tienen una expresión concreta en los territorios que habitamos y en los ecosistemas que sostienen nuestra vida cotidiana.

En la Región Metropolitana, uno de los ejemplos más claros es la Cuenca del Río Maipo y sus principales afluentes, los ríos Maipo y Mapocho. Esta red hídrica conecta la cordillera con los valles, las zonas rurales con las urbanas y los ecosistemas con las personas. Además de abastecer de agua a millones de habitantes, sostiene actividades productivas, biodiversidad y múltiples servicios ecosistémicos fundamentales para la región.

Gonzalo Cruces / Seremi del Medio Ambiente RM

Quizás una de las mejores formas de comprender la importancia de proteger esta cuenca es observar lo ocurrido con el Río Mapocho. Durante décadas fue sinónimo de contaminación. Miles de litros de aguas servidas eran descargados diariamente en su cauce, afectando la calidad del agua y degradando uno de los ecosistemas más emblemáticos de Santiago.

Sin embargo, esa realidad comenzó a cambiar gracias a una decisión pública sostenida en el tiempo, acompañada por importantes inversiones en infraestructura sanitaria y tratamiento de aguas residuales. El año 2010 se eliminaron las últimas descargas directas de aguas servidas al río, completando el saneamiento de las aguas residuales de Santiago.

Los resultados son evidentes. Lo que antes era un símbolo de contaminación es hoy un ejemplo de recuperación ambiental. Pero quizás el cambio más importante se observa en el propio ecosistema. La mejora de la calidad del agua ha permitido el retorno de diversas especies de fauna que requieren condiciones ambientales más saludables para desarrollarse. Su presencia demuestra que la recuperación ambiental es posible cuando existe una visión de largo plazo y políticas públicas consistentes.

La principal lección que deja el caso del Mapocho es que actuar tarde suele ser mucho más costoso que prevenir. Si bien los ecosistemas pueden recuperarse, los procesos de restauración suelen requerir décadas de esfuerzo, inversión y coordinación institucional. Por ello resulta fundamental contar con herramientas que permitan anticiparse al deterioro antes de que sus efectos sean más difíciles de revertir.

En ese contexto adquiere especial relevancia el proceso de elaboración del anteproyecto del Plan de Prevención y Descontaminación Hídrica (PPDH) de la Cuenca del Río Maipo, trabajo que estamos impulsando desde el Ministerio del Medio Ambiente.

El anteproyecto del PPDH busca avanzar en una propuesta de medidas orientadas a prevenir nuevos deterioros y promover la recuperación gradual de la calidad de las aguas en aquellos sectores donde se han identificado presiones ambientales relevantes. Su elaboración se sustenta en la información generada por la Norma Secundaria de Calidad Ambiental de la Cuenca del Río Maipo, instrumento que permite evaluar el estado de las aguas e identificar los principales desafíos de gestión.

Contar con esa información es fundamental, pero no suficiente. El verdadero desafío consiste en transformarla en decisiones y acciones concretas.

Precisamente ahí radica la relevancia de este proceso: en la posibilidad de construir una hoja de ruta que permita orientar futuras acciones para proteger la calidad de las aguas, resguardar la biodiversidad y fortalecer la gestión ambiental de una cuenca estratégica para el país. De ella depende no solo el abastecimiento hídrico de millones de personas, sino que también la conservación de ecosistemas acuáticos que sostienen biodiversidad, funciones ecológicas y servicios ecosistémicos esenciales.

La experiencia del Río Mapocho demuestra que las transformaciones ambientales son posibles. El desafío ahora es aplicar esa misma lógica al conjunto de la Cuenca del Maipo: actuar con anticipación, basados en evidencia y con una visión de largo plazo que permita proteger uno de los patrimonios naturales más importantes de la Región Metropolitana para las generaciones presentes y futuras.